Carbonero el Mayor

Viajes de Ida y Vuelta

historias de salidas y actividades deportivas

¿Que tendrán los Alpes que enganchan?

15/09/2007

Veníamos sobrevolando los Alpes de regreso del kilimanjaro… y menuda añoranzan, envidia, o simplemente… MENUDAS GANAS DE IR PA’LLÍ. Y digo yo… ¿Qué tendrán los Alpes que enganchan tanto? El caso es que sabía que Carlos, Juanlo y Rosa irían allí de vacaciones a finales de Agosto, primeros de Septiembre, así que sin tiempo a terminar de saborear mi viaje a la África recóndita me puse a hacer cábalas de si podría incluirme en ese viajecito.

Lo primero pensar en el trayecto hasta Chamonix, estaba claro que 4 en el coche con el pedazo de equipaje que se necesitaba no íbamos a caber, así que estuve echando un vistazo a los vuelos, los cuales no salían muy económicos que digamos y luego tenía que incordiar al personal para llegar de Ginebra a Chamonix, otra de las alternativas fue mirar lo que me cobraba SEUR o MRW por un paquete Express dirección Chamonix, pero os aconsejo que ni os lo planteéis, (no se ni como se me ocurrió mirarlo a mi). La última de mis opciones era comprar un cofre de esos que se instalan en la baca del coche y en esas estaba yo cuando Carlos me dijo que si hacía falta él podía conseguir una furgo (pero una pequeña ehhhh, una partner o algo así nadie se vaya a pensar en una enorme Jur-goneta) así que ya no me lo pensé más y a casi una semana me incluí en un viaje en el que la previsión era ascender al Mont Blanc ¡¡y yo sin entrenar madre mia, ¿dónde me estoy metiendo?!!

Tras unos preparativos relámpagos y dejando muchas cosas por hacer, el sábado día 25 de Agosto a eso de las 5:30 de la madrugada, mientras el Chemi se ponía ciego a cubalibres en las fiestas de su pueblo partimos rumbo a los Alpes ¡¡Chamonixxxxx allá vamos, las montañas nos esperan !!

Emprendimos el camino con ambiente fresco y algo de lluvia que se hizo intensa entrando en la provincia de Soria, pero que nos abandonó al entrar en la Autopista por Ariza. La Partner iba comiéndose kilómetros como una machota, hicimos una paradita a desayunar al entrar a la Autopista, otra paradita allá casi en Gerona para estirar un poco los músculos y nos metimos en territorio Francés a comer algo más allá de las 3 de la tarde. Al proseguir nuestro viaje “plaffff chasco, carrasco”. Parón y a mirar como pasa el tiempo sin avanzar ni gota, después de casi una hora de atasco brutal conseguimos pasar la zona que lo generaba; un accidente se había producido poco antes en el que estaban implicados un gran número de coches.

Con gran alivio de haber pasado ya el atasco continuamos nuestro larguísimo viaje por carretera, pero la felicidad duró poco porque antes de llegar a ¿Perpiñan? (creo que era por ahí) otra vez nos encontramos metidos en un atasco. Este último algo más leve, pero con todo y eso nos frenó mucho el ritmo. Viendo que se hacía tarde y que no llegaríamos en el día a Chamonix a las 8 de la tarde salimos de la Autopista buscando uno de los camping que aparecían marcados junto a ella en el mapa de carreteras, que parecía fácil de encontrar, pero que posteriormente no lo resultó tanto. Gracias a la ayuda de un noble muchacho francés que muy amablemente nos dirigió hasta el camping, algo más tarde de las 9 (o de las 10 de la noche, quien sabe que hora se hizo ya) conseguimos instalar nuestra tienda de campaña, nos hicimos una rica crema de verduras de las cuales teníamos un auténtico arsenal y nos metimos en cuanto pudimos al saco con la intención de madrugar al día siguiente y llegar pronto a nuestro destino ¡Chamonix!

A la mañana siguiente en lugar de continuar por Autopista decidimos terminar el viaje por carreteras nacionales, ya que íbamos de día y descansados… comenzaríamos desde temprano a disfrutar de las vistas, así que llegamos a Chamonix a eso de las 11 de la mañana a través de una carretera de montaña que procedía de Albertville. Buscamos un camping, (uno cerquita del centro que nos permitía si queríamos acercarnos a cualquier lugar sin necesidad de coger el coche) y nos fuimos a hacer nuestra primera incursión a la ciudad, una primera visita a la Maisón de la Montagne y por supuestísmo a las numerosas tiendas de la ciudad.

En la casa de la montaña lo primero que hicimos fue mirar la meteo, pero la interpretamos como nos dio la gana, menos mal que al ir a hacer el seguro para Juanlo y Carlos que no tenían, la chica nos habló del tiempo y nos dijo que no venía como pensábamos. Nosotros traíamos previsión de que lunes y martes el tiempo sería todavía bueno, y de miércoles a viernes se metían tormentas, pero no, el mal tiempo se adelantaba y supuestamente el martes ya entraba mal tiempo. Lo analizamos ligeramente y pensamos que si el martes venía inestable supuestamente a lo largo del día… seguramente nos permitiese subir al Mont Blanc y ponernos a resguardo antes de que llegase el temporal, así que con todo y eso hicimos el seguro y nos fuimos al camping a preparar las mochilas y a hacer unas prácticas de actuación en caso de accidente en la montaña. Después de una suculenta cena (como todas las que nos dábamos) nos acostamos con la intención de coger al día siguiente el primer teleférico en Les Houches en dirección a Bellevue, dónde enlazaríamos con el tren cremallera que salía desde Le Fayet y que nos dejaría en el Nido del Aguila. Así que al día siguiente a eso de las 9:30 estábamos preparados para echar a andar y afrontar las 5 horas estimadas para llegar al refugio de Gouter. Justo antes de salir, un hombre nos preguntó que si íbamos a dormir en tienda de campaña, le dijimos que si, y entonces nos comentó que estaba prohibido y que solo teníamos como alternativa pernoctar en el refugio, le indicamos que no teníamos reserva y él muy amablemente llamó por nosotros y nos reservó 4 colchonetas en las literas del refugio.

Iniciamos el camino, en principio zigzagueando por un sendero empinado, pero liso y bien marcado. Aproximadamente a una hora u hora y media el camino empezó a tornarse más irregular y a las dos horas y media justo antes de llegar al Refugio de Teté Roussé el viento ya soplaba con fuerza y nos adentrábamos en el glacia de la Griaz. Hicimos una pequeña parada en el refugio y aprovechamos para equiparnos con crampones y casco, pues nos ayudarían a progresar por las resbaladiza nieve del glaciar y nos protegerían al atravesar una zona de caída de piedras, además nada más pasar el glaciar tendríamos que cruzar la tan mencionada y por lo tanto tan temida bolera, la cual no nos parecería nada en comparación con el camino que encontramos después. Nada más cruzar la bolera (sin ningún problema por cierto, aunque si que vimos caer una piedra no muy lejos de una persona) todo el mundo guardó los bastones en la mochila, pues de ahí en adelante, durante otras dos horas y media el caminó se convertiría en una trepada constante y los bastones dejaban de tener sentido y daban paso al uso (y buen uso) de las manos. Finalmente pasados algo así de hora y media del horario previsto (lo que teníamos que hacer en 5 horas lo hicimos en ¿6 horas o 6 y media?) llegamos al refugio de Gouter con unas ganas enormes de quitarnos los pedazo mochilones que llevábamos acuestas y de sentarnos a comer algo caliente y consistente, pero eso todavía tardaría un poco pues teníamos que derretir un poco nieve para el día siguiente y hacernos la comida. (Después de haber cargado con ella hasta allí arriba no podíamos comer en el refugio, había que gastarla para no tener que bajarla de nuevo).
Comimos nuestro plato de pasta medio dura (no había tiempo de estar cociéndola más, ¡lo que tardaba la jodia!) acompañado con un rico lomo y jamón ibérico. Nos tomamos unas coca-colas al módico precio de 4,50 € la lata y charlamos un poco con una pareja de catalanes con los que habíamos coincidido casi durante todo el camino. Al terminar preparamos las mochilas para el día siguiente, esta vez mucho más livianitas, pues gran parte del material lo llevaríamos puesto y lo que sobrase y no fuese necesario (como es el caso del pesado saco) lo dejamos apartado para no volver a cargar con ello hasta que no fuese inevitable. Ocupamos nuestras literas un poquito antes de las 8 de la tarde, hora en la que supuestamente se daba el toque de queda en el refugio y todo el mundo tenía que dejar de hacer ruido, pero no pudimos pegar ojo en toda la noche. A las 11 de la noche aproximadamente me levanté en busca de la botella de agua, y tras calmar la sed al menos yo fui capaz de dormir un poco.

A la 2 de la madrugada nos despertó Juanlo y nos pareció raro que no se hubiese visto movimiento en el Refugio, teníamos entendido que en el refugio despertaban a la gente, pero claro, esto en caso de que hiciese buen tiempo y no era el caso. Nos levantamos a ver lo que hacía el resto de la gente; se empezaba a ver movimiento y la gente pedía el desayuno, pues aunque el tiempo no era bueno querían salir, y a ser posible cuanto antes. Nosotros hicimos lo mismo, nos levantamos, nos equipamos y tomamos nuestro desayuno, después de mirar y remirar el tiempo y de analizar el comportamiento de nuestro cuerpo en la Altura decidimos que lo más probable sería no hacer cumbre, pero que nosotros al menos saldríamos del refugio y probaríamos parte del camino, hasta dónde la meteorología o las fuerzas nos lo permitiesen. Compramos una botellita de agua para sustituir la que nos habíamos bebido por la noche (nuevamente el precio de guiness 5€ litro y medio de agua) nos calzamos los crampones, nos pusimos los cascos y nos encordamos y una vez dispuestos abandonamos el refugio detrás de otras cordadas (no muchas) que salían en ese momento. Avanzamos a buen ritmo, lento pero constante y fuimos ascendiendo poco a poco. Tuvimos que parar un momento para realizar algún cambio y al continuar nos pusimos detrás de otra cordada cuyo ritmo era quizá un poco más rápido, pero sus paradas más frecuentes con lo que el trayecto se hacía un poco más incómodo. Subíamos totalmente de noche y la niebla a medida que ascendíamos era cada vez más intensa, encontramos una cordada que se daba la vuelta, pero nosotros continuamos, seguimos ascendiendo, la temperatura es cada vez más baja, la cuerda está helada y las gotas de agua también se han transformado en hielo en nuestros Goretex, vemos otra cordada de personas que se dan la vuelta y Rosa cada vez está más intranquila, va pendiente de Carlos que le amenazaba el mal del Altura y también pendiente de la niebla, que para ella con las gafas empeñadas es mucho más intensa, y… “a la tercera va la vencida” según vimos volverse a la tercera cordada Rosa los preguntó y nos dijeron que estaba muy peligroso y que hacía mucho viento, así que nosotros también nos dimos la vuelta, no sin antes mirar los datos en el Reloj el cual marcaba las 5:38 ¿? (habíamos salido sobre las 4:05) y cerca de 4300 metros de altitud. La temperatura la había venido mirando en un termómetro a parte y marcaba 2º lo cual casi nos parecía mucho para la sensación de frío que hacía (lástima no haberlo contrastado con el reloj). Volvimos totalmente a oscuras, la noche cerrada y la niebla que se había hecho cada vez más intensa no nos permitía ver demasiado, pero Carlos iba encontrando la huella sin muchos problemas, únicamente de cuando en cuando la huella era tan ancha que casi parecía que te habías salido.

Llegamos al refugio muy temprano con lo cual buscamos nuestras cajas con el material que había dejado allí y sacamos de nuevo el saco de dormir para echarnos otro sueñecillo y entrar un poco en calor. Nos despertamos a las 9 de la mañana, recogimos de nuevo todo el material y nos dispusimos a emprender el camino de vuelta. Conocíamos el camino por la subida y sabíamos que el primer tramo sería duro pues estaba cubierto de nieve helada así que fuimos con cuidado poniendo toda la atención del mundo. Habríamos bajado 100 metros cuando una tormenta de granizo y lo que es peor eléctrica se nos echó encima, miramos al cielo el cual estaba negro, únicamente iluminado por los relámpagos y decidimos que la mejor opción era regresar al refugio así que a toda velocidad y sin apenas parar para tomar aliento subimos a ponernos a salvo en el refugio. Respiramos de alivio al llegar, pero menuda gracia, que según entramos y nos acomodamos en las mesas vemos desde las ventanas que sale el sol. Como la previsión meteorológica supuestamente era de mal tiempo para varios días no teníamos más alternativa que bajar, así que nos volvimos a cargar las mochilas y de nuevo comenzamos el descenso. La subida relámpago de retorno al refugio nos había mermado un poco las fuerzas y mientras tuvimos cable dónde apoyarnos descendimos muy bien, pero nuestro ritmo descendió considerablemente cuando el cable se acabó, otros grupos de personas que también estaban descendiendo nos adelantaron y según bajábamos una nueva tormenta cargada de electricidad se nos echó encima. No era ninguna tontería estar iluminados por tantos relámpagos con la cantidad de metal que llevábamos encima: crampones, piolet, bastones, mosquetones, etc, era como si estuviésemos diciendo a los rallos, “mira que jugosa soy, ven a por mi”, así que decidimos dejar las mochilas en un punto y bajarnos nosotros unos metros más abajo hasta que pasase la tormenta.

Que gracia, parecía que el tiempo se riese de nosotros, según nos quitamos las mochilas y nos pusimos a resguardo volvió a aparecer el sol. Nuevamente a deshacer el camino andado y retroceder en busca de las mochilas, aggg y cargársela a la espalda, que complicado se hace hasta que te la colocas. Seguimos el descenso lo más rápido que pudimos pues la tormenta estaba constantemente al acecho. Vimos caer algunas piedras a nuestro alrededor y correr mucha agua, lo que nos hizo pensar en la bolera ¿En que situación la encontraríamos? Un rato después por fin llegamos a ella y pudimos comprobarlo con nuestros propios ojos, no vimos en eses momento caer piedras y aunque si que bajaba más agua de lo que habíamos encontrado al subir no estaba peligroso, la atravesamos y enseguida nos metimos en el Glaciar de la Griaz cercano al Refugio Tete Rousse. La nieve estaba muy blanda y resbaladiza, era imposible intentar deslizar y también intentar mantenerse en pie, pero había que pasar lo más deprisa posible pues esta zona se asemejaba más a una pista de bolos que la que acabábamos de pasar. Cruzamos sin resuello esquivando justo a tiempo y ya al final del glaciar una placa de hielo y al tomar de nuevo contacto con tierra nos sentimos un poco más aliviados aunque no había razón para ello pues aún nos quedaba mucho camino por recorrer. Contrario a los deseos de Juanlo paramos a comer algo y a beber un poco de agua, pues la cantidad obtenida sorbo a sorbo a través de la camel back se hacía insuficiente. Continuamos el camino que aunque cuesta abajo, al igual que en la subida parecía no tener fin y yo tuve que parar nuevamente pues llevaba la mochila desequilibrada y me iba haciendo polvo, otra nueva parada y lo único que hacíamos era ir sumando tiempo al descenso. Carlos y Rosa fueron avanzando mientras yo me recolocaba la mochila y nos juntamos en un pequeño refugio forestal que había ya cerca de la estación del tren; Una última parada para comer algo y analizar la situación, el cielo nuevamente esta totalmente gris, alguien comentó la idea de refugiarnos en la caseta hasta que mejorase su aspecto, pero yo que ya estaba cansada de que el tiempo se riese de nosotros y no tenía ganas más que de llegar al tren dije que lo mejor era seguir bajando, que no iba a llover. Pues siguiendo con su tónica y actuando contrariamente a lo que nosotros hacíamos el tiempo nos la jugó y 5 minutos después de abandonar el abrigo del refugio se puso a llover torrencialmente, así que otra vez a la carrera, pero esta vez bajo un tremendo aguacero. Poner el cubremochilas era harto complicado con todo el material que llevabamos enganchado en el exterior y buscar el Goretex… bajo eses aguacero y sin un mísero refugio como que tampoco apetecía mucho, así que nos dedicamos a descender lo más rápido posible sin entretenernos lo más mínimo deseando llegar al abrigo de la estación de tren.

A medida que íbamos bajando el aguacero era cada vez más intenso y que faena cuando alcanzamos a ver la estación de tren que la vemos abarrotada de gente y no queda ni un pequeño hueco al refugio de la lluvia, no nos quedó más remedio que meternos bajo el túnel por el que tenía que venir el tren que esperábamos. Cuando la lluvia paró o simplemente disminuyó a un ligero chiriviri fuimos a la taquilla a cambiar nuestro tikets y nos encontramos colgado el cartel de “no hay billetes”. Eran las 3 de la tarde y el tren de las 3:35 estaba completo, no nos quedaba más remedio que esperar al tren de las 4:35 y estábamos calados hasta los huesos.

Cuando abrieron de nuevo la taquilla, justo antes de la llegada del tren Rosa se aproximó para cambiar los billetes y preguntó por si podíamos coger el primer tren que saliese, la respuesta fue afirmativa, menudo alegrón, así que buscamos el material que habíamos dejado guardado antes de subir al refugio (la tienda de campaña, la pala y dos de los cuatro aislantes) y nos pusimos a la cola para entrar al tren. Hicimos el corto trayecto y bajamos en Bellevue, yo no dejaba de pensar en la cuesta que nos esperaba para subir hasta el teleférico, me la imaginaba eterna cargada con la mochila que ya no me apetecía volverme a poner, pero finalmente la cuesta no fue tan dura y la subimos sin enterarnos. Un poco más duro o más largo que la cuesta se nos hizo la espera para poder coger el teleférico, pues aunque no éramos demasiada gente esperando tampoco cabíamos muchos en la cabina con lo cual tuvimos que esperar un poco más de lo que esperábamos y deseábamos.

Una vez en el coche ya si que nos sentimos a gusto, nos quitamos la ropa mojada y ya secos nos sentimos mucho más cómodos y con la satisfacción de estar abajo, casi casi fuera del alcance de la tormenta.

http://carboneroelmayor.cuadernosciudadanos.net/Celia/2007/09/15/que-tendran-los-alpes-que-enganchan/
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Comentarios:

  • 1. Interesante y detallada cronica, para cuando el resto de historia, que aunque larga la narración estamos preparados para el resto.

    Publicado por: Jose | 25/09/2007 21:45:27

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